Asesinato en Venecia

venezia Los respetables ciudadanos de Venecia quedaron estupefactos en sus góndolas cuando, el 2 de diciembre de 1982, observaron un tronco que flotaba a la deriva. El tronco fue arrastrado hasta unas escaleras y sacado del agua. Los curiosos fueron recompensados con poder echarle un vistazo a varias sábanas de plástico azul, dos muñecas grandes y el cuerpo
de una mujer vestida con un baby doll.

Me gustaría decir que la policía
se presentó rápidamente en la escena, pero se trataba de Venecia. Llegaron en la brevedad que les fue posible
en botes de la policía. Varios paquetes de clavos habían sido colocados dentro
del tronco para que se hundiera por el peso; obviamente, no fueron lo suficientemente pesados.

El médico forense declaró que la mujer había sido estrangulada. Los detectives dedujeron que el asesino no estaba domiciliado en la ciudad. Todo habitante de Venecia sabe que cualquier cosa arrojada a la laguna quedaría bajo el influjo de la marea durante días. A juzgar por la condición del cuerpo, se determinó que había sido tirado al agua el mismo día que se recogió del canal.

Los clavos eran de una variedad común que se vendía en toda Italia y resultó imposible rastrearlos. Las dos muñecas representaban un enigma; nunca antes se había sabido que alguien empaquetara muñecas con un cadáver. Eran muñecas caras y estaban como nuevas. El plástico azul, que se usó para envolver el cuerpo, fue rastreado hasta la pequeña población de Vipiteno, ubicada a 200 km al norte de Venecia.

Los detectives preguntaron a la policía de Vipiteno si se había notificado la desaparición de alguna mujer que coincidiera con la descripción del cuerpo. No había duda, Emma Giraldo había desaparecido el primero de diciembre; ella era una mesera de 36 años que vivía en una habitación justo arriba de la taberna Alta Post, donde estaba empleada. Cuando no se presentó a trabajar en su turno, el propietario del establecimiento entró en su cuarto, encontró toda su ropa intacta y sus cosas en orden. Debido a que no era usual que ella faltara al trabajo, notificó su ausencia de inmediato a la policía. Las huellas digitales tomadas del cadáver coincidían con las de la mesera.

Un examen exhaustivo del cuerpo reveló que ella había sido estrangulada con algo suave, posiblemente una toalla o una bufanda. La golpearon en la cabeza y estuvo inconciente mientras la estrangulaban. No tenía marcas en las uñas ni manos, lo cual indicaba que no había tenido oportunidad de defenderse. Así estaban las cosas. La policía sabía mucho sobre Emma, salvo dónde la habían asesinado. ¿El homicidio tuvo lugar en Vipiteno o Venecia?

Se reconstruyeron los últimos movimientos de la mesera. Había terminado su turno en la taberna a las 7 pm el 30 de noviembre, y desde entonces nadie la había visto. Vipiteno es un pueblo pequeño de 5.000 habitantes, ubicado a gran altura en los Alpes; no cabía duda de que cualquier actividad inusual habría sido advertida por alguien. Dado que el pueblo no estaba en capacidad de manejar un caso de asesinato, se enviaron detectives de Venecia al área para que continuaran la investigación.

Averiguaron más cosas sobre la mujer muerta. Emma era hija de un empresario exitoso. Sus padres se oponían al hombre que había escogido como esposo, lo cual causó una profunda separación entre ella y sus padres. Su matrimonio no había durado mucho. Desde la disolución de su matrimonio, seis años atrás, había sido una mesera trabajadora en Alta Post, donde la habían tratado como a un miembro de la familia del dueño de la taberna. A ella le encantaban las muñecas, y desde hacía mucho tiempo había querido vivir en Venecia; las dos que se encontraron en el tronco eran sus favoritas de una pequeña colección que tenía en su habitación. A menudo había expresado su deseo de vivir y morir en la hermosa Venecia. Emma era tan apreciada por el dueño de la taberna y los clientes de la misma, que reunieron los fondos necesarios para enterrarla.

La policía veneciana ubicó a varios testigos que recordaban haber visto a un hombre que arrastraba
una carretilla de madera por las calles. En ella transportaba un tronco. Llevar esta carga no era algo
fácil, dado que las calles de esta ciudad están unidas
por puentes, a la mayoría de los cuales se les llega
por escaleras. El hombre había sido visto en sus
intentos de pasar la carretilla por las escaleras.
Dos o tres ciudadanos lo habían ayudado
y recordaban bien el incidente.

La policía pensó que el asesino quizás transportó el cuerpo hasta el último embarcadero de la isla y lo arrojó, creyendo que el tronco sería arrastrado por el mar. Haciendo caso a su corazonada, la policía inspeccionó el área del último embarcadero. Con ayuda de unos ganchos, los detectives recuperaron una carretilla de madera de tosca fabricación, pero ésta no reveló ninguna pista importante, además de confirmar la teoría de los detectives, en el sentido de que el tronco había sido transportado por las calles de Venecia. Lo más probable era que el asesino hubiera arrojado tanto el tronco como la carretilla en el punto más alejado de la isla. Habría sido una gran idea si el tronco se hubiera hundido.

La policía comenzó a centrar sus sospechas en el ex esposo de la mujer asesinada, Luciano Muti, cuando se enteró de que vivía a costa de las mujeres y tenía un largo prontuario como ratero. En su habitación, pudo golpear a Emma en la cabeza y estrangularla mientras ella estaba inconsciente. Si hubiera esperado hasta la madrugada, hubiese podido transportar el cuerpo a Venecia en el Renault de su mujer sin ser visto. La hipótesis era magnífica, pero Muti demostró sin lugar a dudas que había estado en otro lugar durante las horas cruciales en que el asesinato y la eliminación del cuerpo tuvieron lugar.

Un arduo trabajo policial descubrió al amante secreto de Emma: un pizzero de 45 años, Roberto Festinese; éste confesó apenas la policía se presentó en su búsqueda. Resultó ser un hombre infelizmente casado con dos hijos, quien vivía en el cercano pueblo de Wiesen y se había visto en secreto con Emma, en su habitación arriba de la taberna, durante los últimos cuatro años. El declaró que había estado con la mesera la noche de su muerte. Ella había estado bebiendo y, algo inusual, lo había atacado, arañándolo en los ojos, por lo que él, instintivamente tomó un pesado cenicero de vidrio y se lo arrojó. El cenicero golpeó a Emma, dejándola inconsciente. Aterrorizado, Roberto tomó una bufanda y la estranguló. Consciente de su pasión por las muñecas, colocó dos de sus favoritas en el tronco. El sentimental Roberto decidió que Venecia sería su lugar de descanso eterno.

Fue una gran historia. La policía incluso creyó la parte sobre las muñecas y el transporte del cuerpo a Venecia.

Pero Roberto no pudo explicar la carretilla casera, construida con anterioridad, ni el tronco, tan convenientemente a mano para su uso sin previo aviso; tampoco podía explicar por qué había comprado sábanas de plástico azul dos días antes del asesinato.

El 4 de mayo de 1984, Roberto Festinese fue encontrado culpable y sentenciado
a 15 años de cárcel. l

Cortesia. Estampas (El Universal)

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